Pablo Veronés. Las pinturas en la iglesia de San Sebastian

May 15, 2021arquitectura, arte0 Comentarios

 

La decoración de la iglesia de San Sebastián fue una de las empresas más importantes para Veronés a lo largo de toda su vida. El empezó a trabajar en la sacristía de la iglesia casi inmediatamente después de su llegada a Venecia, en 1555, llamado por el nuevo prior de la iglesia Benedetto Torlioni, que Veronés había conocido en Verona, la ciudad donde nació.

Entre 1555 y 1556 hizo las tres telas del techo de la nave principal, y en 1558 pintó los frescos en la parte alta de las paredes de la misma nave. El retablo para el altar de la iglesia fue hecho en 1565, así como los dos grandes cuadros laterales del presbiterio. La relación entre el pintor y la iglesia, que había contemplado su primer triunfo veneciano, terminó solo con la muerte de Veronés, que fue enterrado aquí en 1588.

Fachada de San Sebastian: https://it.wikipedia.org/wiki/Chiesa_di_San_Sebastiano_(Venezia)

El conjunto de toda las pinturas hechas en esta iglesia nos permite comprender la evolución del estilo de este pintor, uno de los más importantes de la escuela veneciana, cuyo manejo del color y cuyo tratamiento de la perspectiva se convirtieron en indispensable punto de referencia para el maestro del barroco flamenco Petrus Paulus Rubens y para los pintores venecianos del siglo XVIII, entre los cuales destaca Giovanni Battista Tiepolo.

Pablo Veronès, 1555, La Coronación de la Virgen, Iglesia de San Sebastian, sacristía

Las primeras pinturas hechas en la iglesia, las del techo de la sacristía, nos sorprenden por los colores, claros y luminosos, valorizados por los (efectos) cambiantes que las convierten en algo vibrante, vivo, lleno de reflejos, que conferen a las escenas una profundidad ficticia. En el centro triunfa la Coronación de la Virgen, clarisíma y lírica, pero es especialmente en las cuatros pinturas redondas con los Evangelistas y sus símbolos (Mateo – el ángel; Marco – el león; Luca – el buey; Juan – el águila) que Veronés dilata el angusto espacio de la pequeña sala: las telas, entre sus ricos marcos de madera y oro, dan la ilusión de ser muy profundas. Los cuatro Evangelistas son figuras poderosas y plásticas, se recuestan o se sientan en los bordes de las telas contenidos en sus limites reales, y se destacan en un cielo límpio y azul: hay aquí, por la primera vez en la obra de Veronés, la introducción de complejos esquemas compositivos utilizando perspectivas en trompe l’oeil, y figuras en posturas fuertemente contorsionadas o en escorzo. En los medallones situados en los ángulos aparecen querubines, y además, las Cuatro Virtudes Cardinales y episodios bíblicos, con la intervención de su hermano Benedetto.

Interior de San Sebastian: https://www.italianways.com/it/paolo-veronese-torna-a-splendere-a-venezia/

Unos meses más tarde Pablo Veronés comenzó las telas para el techo de la nave principal.

Son escenas bíblicas, contadas en el Antiguo Testamento: el Repudio de Vasti, Ester coronada reina y El triunfo de Mardoqueo, son sujetos insólitos en la decoración de una iglesia veneciana, pero en su conjunto simbolizan la prefiguración de la intercesión de la Virgen durante el juicio final. Ester, una mujer hebrea que fue educada por Mardoqueo, se convirtió en esposa del potente rey persa Asuero, después que él repudió a su primera mujer, Vasti. El rey no sabía que la nueva esposa pertenecía al pueblo que él quería destruir, y por el que ella arriesgó su propria vida: con todo su coraje, ella se presentó a su soverano, no obstante fuera prohibido dirigirse al rey sin ser llamados, y le pidió la salvación de su pueblo. Asuero, admirando el valor de esa mujer, le concedió lo que quería.

Pablo Veronès, 1555 – 56 El triunfo de Mardoqueo, Iglesia de San Sebastian: https://www.flickr.com/photos/hen-magonza/8054127309

Las características principales de estas pinturas son el cromatismo resplandeciente y luminoso, y la presencía en el fondo de grandes arquitecturas que parecen los bastidores escenográficos del teatro de aquel tiempo, y que anticipan los fondos de las fastuosas cenas pintadas por Veronés en los años sucesivos. Los elementos arquitectónicos en estas telas ya no son simples mensulas o cornisas decorativas, sino se convierten en protagonistas de las composiciónes, con escaleras en perspectiva llenas de personas, escorzos de columnas, fachadas de palacios y de templos clásicos, y todo está ispirado por los libros de Sebastiano Serlio sobre el teatro y las escenografiás teatrales, publicados en 1545. En estas pinturas el artista demuestra su capacidad de pintar estructuras y fingir perspectivas, juntando arquitecturas, espacio y figura en una extraordinaria unidad de composición.

Pablo Veronès, 1555 – 56, Ester coronada reina, Iglesia de San Sebastian, https://www.flickr.com/photos/hen-magonza/8054123429/in/photostream/

Entre marzo y septiembre 1558, Veronés volvió a San Sebastian para decorar las paredes superiores de la nave con escenas varias en las que demostró su grande fantasía: alrededor de la nave el artista pintó una galería con columnas salomónicas, en parte acanaladas, con figuras de los padres de la Iglesia, profetas, personajes bíblicos y sibilas. En estos frescos también las arquitecturas pintadas en el fondo tienen importante función: ospedan y subrayan los episodios principales, y amplían el espacio en modo ilusorio. San Sebastián ante Diocleciano y El martirio de San Sebastián se colocan sobre el coro de los monjes, y parecen verdaderamente escenas de teatro, donde hay acción solo enfrente, mientras que en el fondo hay una majestuosa escenografía pintada con tonos fríos y claros: gris, plata, azules y amarillos.

Los dos cuentan dos episodios de la vida del santo, considerado patrono contra la peste porque los antiguos creían que esta enfermedad afectaba como los dardos de Apollo: Sebastián era un soldado romano que fue condenado por Diocleciano por no querer abjurar del cristianismo. Fue condenado a morir matado por lo medio de una lluvia de flechas, desde la que fue protegido por el ángel de Dios. Veronés en el fresco representa el santo ligado y apaleado por los soldados de Diocleciano.

Sin embargo, las invenciónes más sorprendentes y donde el espacio pintado se mezcla verdaderamente con el real, son el fresco con el arquero que lanza su flecha a través de la nave hasta afectar Sebastián que es pintado en la pared enfrente, y aquello con el Monje y el pequeño negretto  que parecen salir de una puertecita perfectamente simétrica de aquella desde la que los monjes entraban al coro. Estupenda es también la Anunciación, con el angel y la Virgen pintados uno enfrente de la otra en los penachos del arco del presbiterio.

La grandiosidad escenográfica y figurativa es también una de las caracteristicas de las ultimas obras hechas por Veronés en esta iglesia, los dos lienzos del presbiterio Marcos y Marcelino conducidos al martirio, y el Martirio de San Sebastian, y el retablo para el altar mayor Madonna en majestad con los santos Sebastián, Pedro, Catalina y Francisco. En las dos escenas de martirio, no obstante los episodios descritos sean tragicos, no hay representación patética de los sentimientos como en otras pinturas sobre el mismo sujeto; destacan los colores, que parecen líquidos e incandescentes.

El mismo triunfo de color, fastuoso y resplandeciente, distingue el retablo de altar, donde la Virgen parece una reina, por su posición clásica y su expresión concentrada. Segùn la tradición, el rostro de San Francisco podría ser el de Bernardo Torlioni, el cura que comisionó a Veronés la decoración de la iglesia.

En 1570 todas las obras fueron terminadas, pero no terminó la relación del pintor con la iglesia, donde, en 1588, fue enterrado a la izquierda del coro.

Nicoletta Consentino
BestVeniceGuides
nicoletta_consentino@yahoo.it